“Puede que estuvieras allí cuando los autos de choque con mi viejo, quizá cuando los rotos azulejos, y cuidaste de mamá y le diste algún consejo, ¿por qué yo? Lancé la pregunta tantas veces, veces que recé para que mi padre se fuese, y siempre, que rogué una charla entre los dos, la respuesta que obtuvimos fue el silencio de Dios”.

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