En esas mañanas de invierno en las que despiertas, y curiosamente, el nórdico ya no está sobre la cama, y además la ventana está mínimamente abierta. Un escalofrío recorre tu cuerpo, te levantas sin fuerzas a cerrarla y te tiras a la cama. Miras al techo, y empiezas a jugar con el pelo, acto seguido, comienza lo de siempre, las mismas preguntas, las mismas e inexistentes respuestas… No hay nada que te ayude a aclararte, los mismos problemas siguen recorriendo todo tu cuerpo, y ya has meditado mil veces que no existe esa solución. No podrás borrar tu error, no resucitarás a nadie, y no escucharás esa voz… acéptalo. Largos segundos después, te levantas y te miras al espejo. Bonita suerte, para variar, llevas su camisa blanca puesta, esa que lleva el olor de la persona que te hace sonreír, y olvidar momentáneamente que el mundo existe. Por suerte faltan un par de horas para que él llegue a casa, te acaricie y te dé un beso como de costumbre. ¡Eh, despierta! Él no forma parte de ti, solo es tu imaginación, quizás llegue, pero eso más tarde. Espera pacientemente, puede que obtengas recompensa, mientras tanto, utiliza tu imaginación… es lo único que siempre formará parte de ti.

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